Conoce el valor de tomar una decisión
Eduardo Garza Cuéllar es reconocido a nivel internacional como un experto en Desarrollo Humano y Organizacional. A lo largo de su trayectoria, ha desarrollado una metodología que combina herramientas prácticas y una visión estratégica para tomar una decisión para maximizar el potencial de las personas y las organizaciones.
Su amplia experiencia y profundo conocimiento en estas áreas lo han convertido en un referente para líderes y empresas que buscan impulsar el crecimiento y la transformación.
En sus múltiples conferencias y publicaciones, comparte valiosas lecciones sobre cómo desarrollar las habilidades y actitudes necesarias para alcanzar el éxito personal y profesional.
El impacto de tomar una decisión en nuestra vida
Cada día tomamos decenas de decisiones, desde qué desayunar hasta qué camino tomar para ir al trabajo. Aunque muchas de ellas parezcan insignificantes, la suma de estas elecciones moldea el curso de nuestra vida.
Decidir estudiar una carrera determinada, aceptar un nuevo empleo o mudarse a otra ciudad son ejemplos de decisiones que pueden tener un impacto profundo y duradero en nuestro futuro. Así como un pequeño desvío en una ruta puede llevarnos a descubrir un nuevo lugar, las decisiones que tomamos nos conducen por caminos únicos y personales.
Estaba yo entrevistando a un gran mexicano y un tipazo, un hermano por adopción mío, Jorge Font.
Él es campeón de esquí acuático para personas con discapacidad y alguien preguntó inocentemente cómo se le tiene que decir a una persona que anda en silla de ruedas discapacitado,
plusválido, plusválido, ya sabes. Estaban buscando como el concepto más adecuado, quizás el políticamente correcto y me impresionó su respuesta, me dijo a mí en lo personal
me gusta que me digan Jorge. Es decir, que lo sustantivo, el sustantivo persona, esté muy por encima de cualquier otro adjetivo que podamos hacer. Cuando aprendemos a reconocer
a la persona detrás de cualquier adjetivo y saber que eso significa éticamente el que tratemos a esa persona como un fin en sí mismo, no como una cosa, no como un instrumento,
no como un medio para, aprendimos quizás todo lo que tendríamos que aprender en la ética. Detrás de cada decisión que tomo, de cada conversación, de cada correo electrónico,
de cada diálogo que tengo en la organización, de cada junta, hay personas con nombre, con rostro, con apellido, con historia a las que estoy afectando. Si yo aprendo a tratarlos
todos ellos de una manera respetuosa de su dignidad, ya aprendí todo lo que tengo que aprender. Me voy convirtiendo en una persona crecientemente incluyente. Elegir es renunciar,
diría Andrés Gid. Es decir, yo hoy decidí estar aquí, simultáneamente y innecesariamente renuncié a cualquier otro uso que hubiera podido hacer en mi tiempo. Tú también. Y
eso es lo que le da el valor a esta reflexión. Estamos condenados a ser libres. ¿Por qué? Porque hasta cuando no decido, decido. Porque no optar es una opción. No elegir es una
elección. Por eso no podemos escapar de la ética. No sé si me explico. Alguien puede decir, bueno, pues yo paro el tren, ya no voy a decidir nada. Estás decidiendo no decidir,
amigo. Y es la peor decisión, porque es la que te hace más manipulable, más susceptible a que sea alguien más quien decida tu vida por ti. Estamos cincelándonos, no sólo como
personas, también como organizaciones, también como ciudades, también como países. El origen de la ética no es algo abstracto. Es la capacidad de mirar el rostro del otro
y de darnos cuenta que ese otro tiene derechos y que está apelando a ser tratado como un ser humano. De eso va todo. Una ética que sustituya de alguna manera la ética masculina
de la justicia y que le da cabida a todos los hombres. Cuando tenemos un problema ético, ponemos un semáforo. Pasas tú o paso yo. Tú te paras. Tú no tienes derecho. Yo sí
tengo. Ahora yo no tengo. Tú tienes. Las mujeres frente a un problema ético ponen una glorieta. Si todos nos cuidamos a todos, si todos nos miramos a todos, si le damos
cabida a todos, no tenemos ni siquiera por qué parar. Nuestras decisiones le dan un perfil a nuestras vidas. A veces uno se tortura y dice es que ¿qué hubiera sido mi vida
si en lugar de casarme con Pedro le hubiera hecho caso a José Luis que sí prometía? Si no hubiera tenido hijos, si sí los hubiera tenido. ¿Sabes qué? La única respuesta honesta
que puedo decirte es no sé, porque esa persona no serías tú. El ser humano es fruto de la ética, no de la probabilidad y la estadística, no de lo que pudo haber sido. Tú eres una
obra inconclusa. Tú eres un proyecto de ti mismo, de ti misma. Por otro lado, es privilegio de los seres humanos poder deshonrar o honrar aquello que nos fue dado solo como una posibilidad
de ser. Nada más triste en la vida que alguien que fue una gran promesa y ahora es una triste realidad. Un dilema muy específico en el que nosotros estamos envueltos no solo como
individuos sino también como sociedad, es el tipo de ser humano que estamos moldeando. A mí me corresponde de alguna manera poder decir qué consecuencias tiene en nuestra
vida social y personal cuando optamos por el modelo del yo o cuando optamos por el modelo del nosotros. Todos los días, mediante los mensajes que le damos a las nuevas generaciones,
lo que le decimos a nuestros hijos, lo que vemos en la publicidad, lo que decimos en las escuelas, en las universidades, pueden ser dos tipos de ser humano. Uno es aquel
en el que el triunfo lo tiene el individualismo posesivo, en el cual en el fondo estamos reafirmando al individuo con los demás, sin los demás, a pesar de los demás o hasta utilizando a
los demás. Lo importante eres tú como individuo. Es un mensaje que de manera más o menos consciente le damos a nuestros propios hijos. Otra manera de entender el triunfo humano y el perfil
humano también vigente en pugna con el individualismo posesivo es lo que nosotros llamamos el mutuo reconocimiento o el reconocimiento recíproco. Diría Sabater, no se trata de hacer cosas
buenas, no, se trata de hacernos buenos mediante las cosas que hacemos y el mutuo reconocimiento nos hace ver que las cosas que hacemos por otros, para otros, también sacan de nosotros
una mejor versión del ser persona. Se planea la obsolescencia, se busca que el tiempo del anaquela al basurero sea el menos posible, como los celulares. Es un mundo en el cual
si todos consumiéramos como el 20% de personas que mayor consumo realizan, no nos alcanzarían tres planetas para poder hacer la economía sustentable. Todavía podemos hacer reversible
el tema del cambio climático, nos corresponde a todos, pero dolorosamente hacemos poco. Si tú te compraste una computadora o un coche este año, lo que no sabes es que quien te
la vendió o quien te lo vendió está haciendo un esfuerzo enorme por cambiarle un pequeño detallito para que en unos cuantos meses veas pasar un coche igualito pero con un detalle
distinto que te haga sentir profundamente desdichado. El consumo, caray, pues es un momento del ciclo económico, no estamos contra ello, sino de hacer de ello una idolatría.
Nos habla de que nosotros como seres humanos nos podemos mover en dos versiones, una de ellas le llama las leyes mercantiles, a la otra le llama las leyes sociales. Todos hemos
experimentado las dos. Cuando hemos trabajado desde las leyes sociales trabajamos mejor, damos un plus, somos creativos, no nos importa dar de más porque nos sentimos enriquecidos
correspondiendo una abundancia enorme que es la que se da en aquel lugar al que nos hemos entregado. Cuando trabajamos desde las leyes mercantiles nos hacemos chiquitos cuentachiles
pequeñitos calculadores fríos un tanto cuanto mezquinos. Y piensen ustedes cuántas veces hemos diseñado incluso nuestras ciudades desde una lógica en la cual lo que queremos
es protegernos, encerrarnos y no mirar a quien no piensa, a quien no consume, a quien no está de acuerdo con nuestra manera de ver la vida. Desde la lógica del yo nos movemos en
las leyes mercantiles, somos chiquitos. Normalmente desde la lógica de nosotros nos movemos a partir de las leyes sociales.
La importancia de tomar buenas decisiones
Cada elección que hacemos, ya sea grande o pequeña, puede impactar significativamente nuestras vidas y las de quienes nos rodean. Saber cómo tomar decisiones buenas no solo implica seleccionar la opción que parece más acertada en el momento, sino que requiere un cuidado de las alternativas, considerando factores como las consecuencias a largo plazo, los valores y la ética de cada persona
El tomar una decisión de forma sólida fomenta la autonomía, la confianza en uno mismo y la capacidad de resolver problemas de manera efectiva. Al desarrollar habilidades sólidas sobre cómo tomar decisiones libres y responsables, podemos navegar por la complejidad de la vida con mayor seguridad y alcanzar nuestros objetivos de manera más eficiente.
Además, tener la capacidad de tomar buenas decisiones es un pilar fundamental para el éxito personal y profesional.
Obstáculos comunes a la hora de decidir
Tomar una decisión no siempre es un proceso sencillo. A menudo nos podemos encontrar con obstáculos que dificultan elegir la mejor decisión. Uno de los principales obstáculos es el miedo al fracaso. Temer las posibles consecuencias negativas de una decisión puede paralizarnos y evitar que tomemos acción, sin embargo, el no elegir también es una elección.
Otro obstáculo común es el sobre-análisis. A veces, nos encontramos atrapados en un bucle de pensamientos, sopesando todas las posibles opciones y consecuencias, lo que nos impide llegar a una conclusión. El ser humano es fruto de la ética, no de la probabilidad y la estadística, no de lo que pudo haber sido.
También, la influencia externa de amigos, familiares o la sociedad en general puede ejercer presión sobre nosotros y dificultar que tomemos decisiones auténticas y así decides que vivan la vida por ti.
Confía en tu elección y actúa
Confía en tu elección y actúa con determinación a la hora de tomar una decisión. La duda puede paralizarnos, pero la confianza nos impulsa hacia adelante. Recuerda que no hay decisiones perfectas, pero es importante tener el valor de seguir tus habilidades y valores. Cada paso que das te acerca más a tus metas.
Tomar decisiones es un proceso natural y necesario en la vida. Al seguir los consejos de Eduardo Garza Cuéllar y creando una metodología propia, podemos tener la habilidad de tomar decisiones más acertadas y vivir una vida más plena.
¡Te invitamos a estar pendiente de los siguientes expositores de Voces Que Inspiran!









